miércoles, 10 de junio de 2009



el que sonríe se alegra sin miedo, pero no desciende nunca a la vulgaridad de la risa; el que lanza carcajadas es desdichado y no puede elevarse hasta la risa franca. sonreír es sombra de paraíso; estallar en carcajadas es eco de infierno: sólo la risa pertenece totalmente a la tierra. lo risible no nace de las cosas, sino en nosotros. todo puede ser cómico, incluso los espectáculos más solemnes y dolorosos, cuando el corazón es piedra cenicienta y en el espíritu falta el respeto. hasta un funeral, contemplado por un humorista cínico, puede dar risa.