martes, 7 de diciembre de 2010



A un cadete acostumbrado a las corridas, la vergüenza ya le pisa los talones. Lamentando el precio de sus confesiones, va esquivando ejecutivos por florida. Mientras cruza sin mirar las avenidas, se martilla la cabeza sin piedad. Vuelve con los ojos llenos de perdón pero es demasiado tarde y ella le da un beso, de esos que humillan a la soledad. Por el centro todos conocen la historia del más pillo y la más bella del condado y aunque tiene momentos de poca gloria, es un cuento que merece ser contado. Cuando el amor se tomó unas vacaciones, la vida le dio milonga y el bailó. Nunca le dijo que no a otros rock and rolles, es magia que los condenó a vivir eternamente entre el miedo y la pasión, el instinto y la razón, entre la perseverancia y la cruel resignación. Esa magia que no nos va a dejar de ser dos amantes del montón. Ahora ella va a dos mil por hora por la vida, pisa solo el freno solo para sus dos críos. El supo hacerse más compañero de frío, ese que le hacía sangrar por la herida. Si hoy la describo, digo perfecta Mahoma. Una vez hecho un trato, ya lo consiguió. El adquirió una filosofía de goma y zapatos baratos, eso no cambió. Ninguno de los dos creía en el destino, y éste se vengó para hacerse notar; les va poniendo más piedras en el camino pero yo me juro fiel testigo de esa magia que en ellos seguirán compartiendo eternamente entre el miedo y la pasión, el instinto y la razón, entre la perseverancia y la cruel resignación.
Esa magia que no los va a dejar de ser DOS AMANTES DEL MONTÓN.